Presentación

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Presentación: ¿Por qué Ulises?


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21 abril 2011

A qué vivir.

El macabro látigo
azota mi alma
cual demonio
corroyéndome la vida
cuando a penas atisbo
la belleza absoluta.

Un olor, un dolor;
un sonido, maldito;
una forma, ¡no!
Piel, movimiento,
tormento siniestro.
Locura. ¿Por qué?

A mí, bondad estomacal
para con todo,
a qué a mí desollo.
Triste tristeza
del corazón inmundo
ahíto de rabia
y moribundo latido.

A qué a mí
esta necia atadura
que mata en desasosiego.
No la elegí yo. No.

Escapar es imposible
sino por pocos días,
y cuando enaltece la victoria
rebrotan las llagas sanguinarias,
veces manantial discreto,
veces ensordecedor torrente.

Por qué natura es injusta.
Morir no quiero;
mas vivir así, tampoco.

Infinitos años sin lograr costumbre
ni valor
para soportarlo cabizbajo,
comiendo polvo y heces
en caja marmórea
oscura, silenciosa, quieta,
como si mis días
hubieran acabado
como días desearía.


Jmap
26/08/2010



La caída de Ícaro.

Descubrir en su espalda su par de pequeñas alas, doradas y de pretensiones angelicales, fue mi liberación. Imaginé que las cogía con las manos e, invocando a Hércules, se las arrancaba de cuajo y caía al suelo, de rodillas, con los ojos extasiados, confundidos e incrédulos. Tal era mi enojo, mi frustración y mi dolor. Durante días me recreé en la fantasía que desplomaba, sobre el reseco y yermo desierto, al ser que había estado en un celeste pedestal cada vez que le había dirigido la palabra o la mirada tan sólo. Por fin había extirpado de mi corazón esa gran molestia para dejar un doloroso pero cómodo vacío. No puedo menos que estar agradecido por el odio y el desdén que me dispensa. Ya no es más que un bellísimo y grácil cascarón de cera a la imagen y semejanza de lo que una vez fue idolatrado...

Por Ulises.

09 abril 2011

No sé vivir.

Amor mío,
una vez más te digo
que muero sin tu amor,
sin poder penetrar el interior
de tu alma y de tu cuerpo,
sin que mis manos redescubran
tus formas estremecidas,
sin que mis palabras y mis besos
despierten, en tu vientre, fuego.
Muero de amor y de pasión
porque tu vida es tuya,
sólo tuya y no mía.
Echo en falta tu adoración
y tu felicidad al verme,
al disfrutarme, al seducirme...
Lloro cada instante infinito
por todo lo nuestro que se ha ido.
Lloro como un hombre,
como una mujer,
lloro como un niño perdido.

Lloro, sí,
y camino cada día
soportando la osadía
de arrostrar esta triste vida
que siempre ha querdio ser tuya.
Tus palabras perdieron
su esencia de amor
y ahora caen yertas
en la tierra seca.
Me he perdido,
y tú.
Busco el camino
removiendo rocas
y pisando cuchillos
y mi brío y mi fuerza se agotan.
Bésame, cariño mío;
rescátame, rescátate,
que sin ti
yo no sé vivir.

A Penélope, por Ulises.