Un día mi Penélope comenzó a tejer. Un día que se sintió profundamente perdida como yo. Tan sola como yo. O quizá más. Teje para no volverse loca. Teje para sentir que sigue teniendo alguna unión con el mundo, o con un mundo imaginario que no la decepcione. Ella no entiende mi viaje; porque ella hace otro viaje. Esa es su forma de viajar en busca de sí misma o para permanecer en sí.
Hoy he tenido noticias de su quehacer, y he podido acariciar los hilos del dolor que tanto tiempo lleva gritándome desde una lejana playa. Hoy, y no antes, he oído el lamento de su voz a través de su telar. Infinitamente menos embriagador que el canto de una sirena muda, radicalmente opuesto; pero infinitamente más turbador.
Cuán lejos estoy, Penélope, de ti. Cuán lejos estás tú de mí. Ambos sufriendo nuestra mutua ausencia de nosotros y cada uno de sí mismo. Cuán difícil nos es entender la búsqueda del otro.
Añoro el pasado, sí, porque es más mío que este presente.
Aún en la distancia triste, te quiero. O quizá a quien quiero es a la Penélope que tú misma estás buscando también. No importa. Está en algún lugar dentro de ti y aparecerá. Ojalá más temprano que tarde. Ojalá llegue mi yo que añoras también pronto a ti.
Por Ulises.
No hay comentarios:
Publicar un comentario